Tu anuncio describe un piso. Los buenos describen al comprador.
Cómo escribir un (buen) anuncio de tu piso en Idealista
Abre Idealista.
Fotocasa.
El portal que más rabia te dé.
Lee los cinco primeros anuncios de tu zona.
Ahora, los cinco anteriores.
Da igual, de arriba abajo, que de abajo arriba. Todos dicen lo mismo: tres habitaciones, dos baños, cocina reformada, bien comunicado, precio a convenir. Abstenerse inmobiliaria.
¿Llamarías a alguno?
¿O sigues pasando cromos?
Ahora lo incómodo: tu anuncio, ¿es uno de esos cinco?
Porque si describe tu piso igual que los otros cuarenta describen los suyos, no estás compitiendo.
Estás haciendo bulto.
Lo malo que publicas, y las 40 primeras llamadas son de inmobiliarias diciendo lo mismo: tengo un cliente para ti.
Nadie se enamora de una ficha técnica
¿Compraste tu frigorífico por el libro de instrucciones?
El error está en creer que un anuncio sirve para describir tu casa.
No sirve para eso.
Tu comprador no está comprando 90 metros cuadrados.
Está comprando su vida dentro de esos 90 metros.
Los desayunos, el sitio donde va a poner el sofá, la cena del viernes con los de siempre. Busca su futuro, no tu pasado.
Hasta cuando compras un frigorífico abres la puerta y según lo que cocines sabes si te cabe los tuppers, las botellas, o las ollas.
“Tres habitaciones, dos baños” es verdad, pero ¿da opción a imaginar algo?.
La gente no se muda a una verdad. Se muda a una historia que se puede imaginar viviendo.
Por eso los buenos anuncios no describen el piso. Describen a quien tiene que comprarlo, y la vida que va a hacer dentro.
El mismo piso, contado de dos formas
Mira la diferencia. Es el mismo inmueble las dos veces.
El anuncio de siempre:
Piso de 90 m² en el centro. 3 habitaciones, 2 baños, cocina americana reformada. Suelos de parquet. Terraza de 8 m². Bien comunicado.
El anuncio que vende:
Aquí se desayuna con luz. En la terraza cabe una mesa de cuatro y sobra sitio. A 8 minutos andando tienes el mercado; a 22, la oficina. En los armarios de las tres habitaciones cabe ropa de verdad.
El primero describe la casa.
El segundo la hace inevitable para quien tiene que comprarla.
¿Ves lo que cambia? El segundo no tiene un solo dato más que el primero. Tiene los mismos metros, la misma terraza, las mismas habitaciones. Lo que cambia es que el comprador se ve dentro. Desayunando. Poniendo la mesa. Colgando su ropa. Y cuando alguien se ve dentro de una casa, ya solo le falta una excusa para llamarte.
Cómo se escribe el tuyo
No hace falta ser Isra Bravo.
Hace falta hacer cinco cosas en orden.
1. Decide para quién es esta casa. Una persona, no todas. Un bajo con patio no le habla al mismo comprador que un ático sin ascensor. Uno es para la familia con perro; el otro, para quien vive solo y no piensa tener hijos y sale a fumar después de cenar. Si intentas gustarle a todo el mundo, no le hablas a nadie — y ese es exactamente el anuncio que lleva cuatro meses parado. Antes de escribir una palabra, decide quién es la persona que sería feliz aquí. Todo lo demás sale de ahí.
2. La primera línea es toda la partida. Igual que la primera foto es lo único que se ve en el listado, la primera línea es lo único que se lee antes de decidir si se sigue leyendo. No la gastes en “piso de 90 m²”. Gástala en una escena: “Aquí se desayuna con luz.” Esa frase no la ha escrito ninguno del millón de anuncios que dice Idealista que hay publicados. Por eso se lee.
3. Convierte cada dato en una vida. No digas “terraza de 8 m²”. Di “en la terraza cabe una mesa de cuatro y sobra sitio”. No digas “tres habitaciones”. Di “en los armarios de las tres cabe ropa de verdad”. No digas “bien comunicado” — eso no significa nada y lo dicen todos. Di “a 8 minutos andando del mercado, a 22 de la oficina”. El dato concreto se cree. El adjetivo vacío se ignora.
4. Di lo que los demás callan. El anuncio honesto convierte más que el perfecto. Si el barrio no es de postal, no lo escondas: cuéntalo mejor que nadie. Mira cómo se vendió un piso en Arganzuela, un barrio que no sale en las revistas:
Había una razón por la que los demás no miraban aquí. Arganzuela no salía en las revistas de decoración. No tenía el apellido de Salamanca ni los cafés de Malasaña. Tenía otra cosa: vida real. Bajar a comprar, en zapatillas o en tacones, al Mercado Guillermo de Osma y volver a casa con algo que merece la pena cocinar. Salir a correr por Madrid Río sin buscar aparcamiento. Mientras otros barrios venden imagen, este es cotidianidad.
Ni una mentira. Ni un adjetivo de folleto. Le habla directo a quien está harto de que le vendan postales y solo quiere un sitio donde vivir de verdad. Ese piso se vendió en 24 horas.
5. Una casa, una historia. No metas todo. El anuncio que lo dice todo no dice nada. Elige el ángulo que le importa a tucomprador y cuéntalo entero. Mira este otro, de una casa con jardín en pleno centro:
La casa del centro que tus amigos van a envidiar, y nunca van a querer irse. 200 m², jardín privado de 100, piscina de agua salada, sin comunidad de vecinos, a cinco minutos de la Plaza Mayor. Si buscas paz mental y un gin-tonic tranquilo sin aguantar vecinos ruidosos, sigue leyendo. Y cuando tus amigos descubran ese jardín en pleno centro… no se van a ir nunca.
Un solo ángulo —la envidia de tus amigos, la paz sin vecinos— llevado hasta el final. Se vendió en la primera visita.
El anuncio no arregla un precio mal puesto
Un aviso, para que no te lleves un chasco.
Por muy bien escrito que esté, un anuncio no salva un precio por encima de mercado, eso no lo salva nadie: si el comprador ni siquiera te ve porque busca en otra franja, da igual lo bonita que sea tu primera línea.
El texto atrae a quien sí te encuentra. Antes de reescribir, asegúrate de que el precio de tu piso es el correcto te pone delante de la gente correcta.
La foto manda sobre la palabra
El mejor texto del mundo muere detrás de una mala primera foto, porque nadie llega a leerlo. Una foto mala es un anuncio invisible — y la foto de la cocina con los platos en el fregadero ha matado más ventas que ningún precio. Antes de dar por bueno el anuncio, repasa las fotos: cómo hacerlas con el móvil, sin gastarte un euro en fotógrafo.
Reescríbelo una vez. Bien.
Tu piso no necesita más metros ni un precio más bajo. Muchas veces necesita dejar de estar descrito como los otros cuarenta y empezar a estar contado para la persona que lo compraría.
Si quieres, te leo tu anuncio y te digo qué está espantando al comprador correcto y cómo lo reescribiría para hablarle a él. 30 minutos, tu texto concreto, sin compromiso.
(¿Tu piso lleva meses parado y no sabes si es el anuncio, el precio o algo antes? Empieza por aquí.)
PD. El anuncio no es para presumir de tu casa. Es para que otro se imagine viviéndola. En cuanto se la imagina, ya es medio suya.



