¿Por qué vendo pisos?
Como he llegado a vender 6 casas en un mes sin saber nada de inmobiliarias
La IA me superó.
Después de 25 años haciendo marketing, durante el COVID, me di cuenta de algo: todo el mundo sabía de marketing, tanto como para vender cursos de quita y pon. En el fondo, el Marketing dejó de ser fundamental.
Cualquiera que había hecho un curso le preguntaba a una IA y ya sacaba un plan de marketing. Bueno, malo, regular. Da igual. Lo que importa es que la vida evoluciona, y no puedes seguir haciendo siempre lo mismo.
El marketing me encontró a mí. En la adolescencia anduve perdido haciendo de todo, hasta que alguien me llamó porque necesitaban un chico para todo en una agencia de publicidad. Desde ahí me fui adaptando al mercado. Hasta que mi mercado se terminó. O yo terminé.
Hoy cualquiera puede hacer marketing.
¿Entonces?
Necesitaba aprender una profesión.
Algo tangible.
Algo de larga duración.
Algo que ayudara a las personas en su momento vital —porque cambiar de profesión por completo fue justo eso para mí, un cambio vital. Y todos, en algún momento, pasamos por al menos uno.
Me dieron la oportunidad de aprender desde abajo.
Después de 25 años empezando desde cero hasta liderar equipos de más de 30 personas y diseñar estrategias que ninguna IA podía tocar —porque entonces no existía—, volví a empezar. Vendiendo garajes. Alquilando apartamentos. Buscando suelo rústico. Vendiendo casas.
En mi segunda semana, alguien me abrió la puerta de su casa. Me sentí raro —mi madre nunca me dejó entrar en casa ajena—. Cargué con esa sensación hasta el día que capté mi primera casa.
La dueña se estaba divorciando. En el patio había crecido su hijo, que ya se había independizado. Ahí lo entendí: no vendes un piso, acompañas un cambio vital.
Ese fue mi momento. Sentí que el sector inmobiliario tiene algo que mucha gente no aprecia. Quizá por eso está tan mal visto el sector.
En cuatro meses vendía más que comerciales con años de oficio. No soy mejor vendiendo que nadie. Me gusta entender quién es el cliente. Me gusta mirar más allá y detectar lo que nadie más ve. Eso no lo hace ninguna IA.
El problema que necesitaba resolver
Con mi ojo de marketing, no entendía cómo el bien más preciado de cualquier familia —una casa, treinta años pagándola— se vende como un frigorífico en Wallapop. Y se compra, a veces, igual.
Es un cambio vital. ¿Por qué pocos lo tratan como tal?
Si compras un coche, te lo entregan envuelto.
Se sientan contigo cinco minutos a explicarte lo básico. Yo no tengo un Ferrari, ni lo tendré. Pero la experiencia de compra tiene que ser increíble, sabiendo que hay gente ahorrando toda la vida para comprarse uno.
Una herencia. Una emancipación. Un nido vacío. Un divorcio. Una familia que se recompone. Todos ellos cambios vitales que no caben en un panfleto como si fuera un supermercado.
¿De verdad todo se hace como en Wallapop? ¿Dónde está el componente humano?
Eso es lo que me movió a entrar en este mundo. No ser un comisionista por algo que no es mío, sino acompañar a personas en su cambio vital.
Es parecido, pero no es lo mismo. Cualquier cadena de comida rápida y un restaurante con tres estrellas Michelin hacen hamburguesas. No te confundas: no es lo mismo.
De 0 a 6 en un mes
No inventé nada nuevo. Cogí lo único que sabía hacer de verdad —25 años haciéndolo— y dejé de intentar “vender casas” como me dijeron.
Nunca me gustó la puerta fría.
Aun así, tragué saliva y llamé.
Y en la primera visita ya me salté todas las normas —siempre fui un verso libre—. En vez del discurso enciclopédico que me dijeron que tenía que dar, hice tres preguntas:
Por qué lo vendes.
Cuál es el mejor recuerdo que tienes en esta casa.
Por qué alguien debería comprar tu casa.
Nadie pregunta eso. Vienen, miden, sacan el móvil y te dicen un precio. Nadie pregunta por el patio.
Y resulta que la respuesta a la segunda pregunta es, casi siempre, lo que hace que otra persona quiera comprarla.
Eso me permitió entender cómo escribir el anuncio de cada casa. Mis compañeros se reían. Seguí adelante.
A partir de la segunda visita entendí que filtrar compradores es fundamental. Enseñar la casa a todo el que llama es fácil y no sirve de nada: cansa a los dueños, llena el salón de gente que no puede comprar y termina bajando el precio. Por eso no perdí el tiempo enseñando la casa a nadie que no encajaba.
Quizá por eso, hoy, tampoco trabajo alquileres —salvo casos excepcionales.
Al seguimiento volví con mis preguntas: cada casa tenía un plan escrito, no una espera a ver qué pasaba.
Al principio no pedía la exclusiva: confiaba tanto en cómo trabajaba que no me parecía necesario. Aprendí rápido por qué sí hace falta. Copiaron uno de mis anuncios y bajaron el precio para intentar cerrarlo antes. No lo consiguieron. Pero el piso ya salía en el portal dos veces, con dos precios distintos, y eso lo ve cualquier comprador.
Me di cuenta de que no vendía pisos. Vendía un servicio: acompañamiento en el cambio vital.
Hoy la mitad de lo que vendo son personas que se mudan de ciudad. Compran aquí y venden allí, a setecientos kilómetros, sin tener que estar en dos sitios a la vez.
Primera semana, cero.
Primer mes, cero. Las dudas de si había sido buena idea contratarme empezaban a asomar.
Segundo mes, alguna captación.
Cuarto mes: 6 pisos vendidos.
No fue suerte. Algunos de los testimonios que me dejaron lo atestiguan. Era el mismo ojo con el que llevaba 25 años mirando negocios ajenos, puesto por primera vez sobre algo que se podía tocar.
Por qué existe Hopp
Después de vender decenas de viviendas, entendí que no quería ser el comercial de una inmobiliaria. Quería construir una forma distinta de acompañar a las personas en sus cambios vitales.
Esa pregunta —¿dónde está el componente humano?— seguía rondando. Y en vez de esperar a que alguien la resolviera, decidí resolverla yo.
Así nació Hopp: primero fue un manifiesto, después un método. Un precio cerrado desde el primer día, no un porcentaje sobre lo que es tuyo. Un plan, no una promesa. La misma red que le tendí a esa mujer en mi segunda semana, ahora para cada casa que pasa por nuestras manos.
Qué arriesgas si me llamas
Nada. Y no como eslogan, sino por escrito:
Sabes lo que cuesta antes de empezar.
Un importe cerrado, en un papel, antes de que firmes nada. No un porcentaje que engorda solo porque tu casa vale más.
Pagas por trabajo hecho.
Valorar, negociar, tener los papeles listos, llegar a la notaría. Cada paso tiene nombre y precio. Abrir una puerta no es un paso.
Si tardo, gano menos. Mi honorario sube si vendo rápido y bien, y baja si me alargo. Sé que es al revés de lo que esperas. Es a propósito.
Te digo que no. Si el precio que tienes en la cabeza no es el que da el mercado, te lo digo en la primera conversación, aunque me cueste el encargo. Prefiero eso a tenerte seis meses colgada en un escaparate.
Y si no me quieres, tampoco pasa nada. Te doy la carpeta con todo lo que necesitas y la vendes tú. No quiero a nadie cautivo.
La primera conversación no cuesta nada. Sales de ella sabiendo lo que vale tu casa de verdad y lo que te costaría vendértela conmigo. Con eso ya puedes decidir, me llames o no me llames.
Preguntas frecuentes
¿Cómo cobráis?
Me acuerdo de lo que decía del coche: te lo entregan envuelto, se sientan contigo cinco minutos a explicarte lo básico. Con tu casa hago lo mismo con el precio. No pagas un porcentaje de lo que es tuyo. Pagas por lo que hacemos: valorar bien, negociar bien, tener los papeles listos, acompañarte hasta la firma. Y sabes el importe exacto antes de empezar, no el día de la notaría.
¿Sois más caros que otra inmobiliaria?
Puede que sí, y no lo escondemos. No competimos por ser los más baratos. Competimos por que sepas exactamente en qué se va tu dinero, sin sorpresas en la notaría. La cifra concreta de tu caso te la digo en la primera conversación, antes de que firmes nada.
¿Cómo acompañáis a los clientes en la venta de su casa?
En cuatro pasos definidos. Primero valoramos bien la casa, ni por encima ni por debajo. Luego negociamos cada oferta que llega. Preparamos toda la documentación antes de que haga falta, no cuando ya urge. Y estamos en la firma, hasta el final.
No quiero una inmobiliaria, ¿qué hacéis vosotros?
Sabemos que no todo el mundo quiere una inmobiliaria para vender su casa. Por eso hemos creado el servicio Vende sin inmobiliaria: te damos toda la documentación que necesitas para venderla tú. No queremos ser imprescindibles ni tener a nadie cautivo, pero sí dar todas las herramientas para que cualquier persona pueda vender su casa.
¿Dónde trabajáis?
Estoy a caballo entre Cáceres y Madrid, pero trabajo en toda España. Las herramientas que hoy tiene cualquiera y el método de trabajo que he diseñado me permiten vender prácticamente en cualquier punto del país.
Algunos testimonios
«Vendí mi casa de Madrid en 48 horas con el anuncio que escribió Javier. Coordinó la venta y la compra para que las fechas cuadraran, y pude mudarme a Cáceres sin un solo descuadre. Lo que pagué lo pagué a gusto.» — Atilio
«Que, en base a mi experiencia, se trata de un profesional comprometido y diligente. Lo recomendaría.» — M. Gutiérrez
«Se implican desde el inicio hasta el final. Esa es la confianza que hace falta para que una operación compleja como la mía con una distancia a 700 kms saliera adelante.» — Juan
«La disponibilidad y la cercanía hacen que se pueda confiar.» — Marisa
«Me agobiaba el posible papeleo, lo cierto es que en alguno falló, pero supo resolverlo para llegar al Notario sin problemas y comprando a 400 kms de distancia» — Karlos
Si estás en medio de tu propio cambio vital y quieres que alguien te pregunte primero y te venda después, escríbeme.
Ladrillo Visto es el blog de Hopp.


